¿Tiene mi hijo ansiedad? (III)- Prevenir

Desde la comprensión de qué resulta estresante para el niño, ¿cómo apoyamos al niño para reducir su ansiedad?

– Minimicemos el número de cambios que tienen que afrontar a la vez. Siempre que se pueda vamos a introducirlos gradualmente, haciendo como “anclajes” que den seguridad para pasar al siguiente cambio. Por ejemplo, el especialista de pedagogía terapéutica del cole puede acompañarle el primer día a su aula nueva y quedarse un rato. Si se puede, incluso haciendo una visita antes para que se familiarice con el nuevo espacio. Aunque creamos que las aulas son todas iguales, los niños con TEA suelen detectar cambios mínimos en el entorno con mucha sagacidad.

– Expliquemos, especialmente ante situaciones nuevas, lo que va a suceder, lo que se espera de él, lo que harán los demás…Con un lenguaje lo más claro, concreto y breve posible. Con pictogramas, gestos, SAAC, historias sociales o cualquier otra estrategia que apoye lo que decimos. Si el niño puede comunicarse oralmente, le pediremos que nos lo cuente él después, para asegurarnos de que lo ha comprendido.

– Empleemos un SAAC para que el niño pueda comunicar lo que necesita.

– Utilicemos agendas visuales con las que facilitar la orientación temporal y también esa anticipación de situaciones nuevas o cambios.

– Reduzcamos el nivel de ruido que hay en el entorno o utilizar auriculares anti-ruido. Si hay otros niños delante, podemos explicarles que los necesita como cualquier otro niño necesita llevar gafas.

– Permitamos que tome descansos de situaciones sociales abrumadoras, invitarle a dar un paseo o ir tomar un vaso de agua si observamos que su nivel de ansiedad está aumentando por esta razón. Es más recomendable anticiparse que acabar saliendo de la situación con una crisis conductual.

– Negociemos rutinas o tener objetos que le calman, de forma que sigan sirviendo a este propósito pero no interfieran con sus actividades diarias.

– Observemos qué ocurre si no le pedimos que esté sentado cuando hablamos con él. ¿Mantiene mejor o peor la atención? Puede que moverse le ayude a concentrarse. Y puede que exigirle un contacto ocular sostenido sea muy invasivo para él, ajustemos esto según la situación y la necesidad de mantener la mirada.

– ¿Está dando señales de que esta tarea que le estamos pidiendo que haga – por ejemplo, ponerse los zapatos- le está angustiando? Quizá ayer se los puso estupendamente pero hoy ha dormido peor y su coordinación motriz no es tan eficaz. Ajustemos la exigencia según el momento. Observemos cómo de cansado se encuentra. Entre un 70-80% de los niños con TEA tienen problemas de sueño, pero probablemente no nos comuniquen que se encuentran cansados.

– Apoyemos el aprendizaje emocional, explicando (oral-visualmente) la emoción que está teniendo y qué estamos haciendo para regularla. ¡Cuidado! Debemos estar bastante seguros de cómo se siente o provocaremos más confusión.

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Entornos TEA. Servicio inscrito en el Registro de Centros, Entidades y Servicios de Acción Social de la C.A.M. Nº S7705.

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