¿Tiene mi hijo ansiedad? (II) (con materiales)-Detectar estresores

Materiales

En la entrada anterior hemos comentado qué observar para saber si un niño está nervioso o estresado más allá de un momento puntual.

Nos centraremos ahora en buscar alternativas para ayudarle a reducir su nivel de ansiedad y aprender recursos que le sirvan en situaciones futuras.

Las estrategias de las que vamos a hablar son generales y, antes de utilizarlas, será necesario reflexionar acerca de si son adecuadas para la edad y las características del niño o cómo adaptarlas. Por ejemplo, pueden incluir el lenguaje oral, algo que será necesario complementar con apoyos visuales o algún sistema de comunicación. Esto es recomendable con todos los niños pero especialmente con los más peques o si aún no tienen suficiente comprensión del lenguaje.

Hablaremos en otras entradas de los SAAC (Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación). De momento, vamos a definir algunas pinceladas respecto a cómo apoyar al niño a regular su ansiedad.

Nuestro enfoque siempre es proactivo más que reactivo. Esto quiere decir que, a la vez que hemos observado los indicadores de que el niño se siente nervioso habremos detectado situaciones que desencadenan o aumentan esta emoción. Por ejemplo, un niño puede ser muy sensible ante ruidos fuertes e inesperados pero procesarlos mejor si está en una temporada en la que se siente tranquilo. Al contrario, pueden no tolerar en absoluto una determinada textura que en otros momentos no provoca tanta reacción porque ese día está particularmente estresado.

De forma que nos preguntaremos ¿cómo podemos prevenir que se produzca un alto nivel de ansiedad? ¿Qué haremos y pediremos al niño que haga cuando no sea posible esa anticipación?

Veamos algunos estresores habituales en los niños con TEA…

– Cambios: en rutinas, lugares, personas, lo que se les pide que haga, etc.

– No entender lo que está sucediendo. No poder comunicar lo que necesitan o desean.

– No ubicarse en el tiempo o el espacio. Los niños con TEA pueden tener una memoria visual asombrosa y aprender recorridos muy complejos, pero esto no significa que puedan orientarse espacialmente, incluso en entornos conocidos como el colegio.

– Demasiada estimulación y/o muy invasiva para ellos (por ejemplo, primer día de cole por la mañana con todos los niños gritando y tocándose).

– Hablar mucho, muy rápido, con vocabulario que puede tener más de un sentido… Y pedirles que den respuestas rápidas.

– No poder hacer una rutina que les calma o no poder tener un objeto que les da seguridad.

– Exigencia de estar quieto o mantenerse sentado teniendo necesidad de moverse. Exigencia de mantener la mirada.

– Estar ante una tarea que creen que supera sus capacidades.

– Haber dormido mal.

Y ahora releamos la lista y pensemos ¿estas situaciones son solo estresantes para los niños con TEA? ¡Seguro que no!

Materiales «Detectar estresores»:

Checking de estresores

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