
Una vez que hemos elegido una meta de autonomía, tendremos que planificar su aprendizaje. Debemos elegir cuál es el mejor momento para practicar, tanto para el niño-a como para el adulto que estará con él. Es importante que en un primer momento sea la misma persona la que trabaje el objetivo, para aumentar la probabilidad de que nuestro comportamiento sea sistemático. Si interviene más de una persona, debemos estar sincronizados para actuar de la misma manera.
Pongamos un ejemplo, imaginemos que el objetivo de autonomía es lavarse los dientes.
Nota: con un objetivo como este tendremos que tener muy en cuenta los aspectos sensoriales. Puede ocurrir que sea un niño con mucha sensibilidad en lo tactil y la zona orofacial es particularmente delicada en este sentido. Sus sensaciones con el cepillado pueden ser muy molestas para él y que esto interfiera con la tarea. En otra entrada abordaremos posibles dificultades que pueden surgir en el aprendizaje de diferentes rutinas de autonomía.
¿Qué momento elegir? Sabemos que por la mañana siempre hay más prisas, de forma que lo podemos empezar a trabajar antes de ir a dormir. Cuando intentamos establecer un hábito es una buena idea ubicarlo antes o después de otra rutina ya establecida para facilitar el recuerdo de la tarea.
Podemos hacer partícipe al niño del objetivo, por ejemplo comprando con él un cepillo de dientes de algún personaje que le guste. También podemos jugar en otros momentos del día a que lava los dientes a un muñeco (si presenta un nivel de juego funcional suficiente para esto).
Antes de pedirle que se lave los dientes, observaremos si está tranquilo y con la suficiente energía para afrontar la tarea. Y ajustaremos la exigencia, así como la ayuda que le prestamos en función de esto. ¿Y el adulto? ¿Está con la calma y la energía suficiente?
Una vez en el cuarto de baño, tendremos apoyos visuales que indiquen lo que el niño ha de hacer (ver material anexo). También podemos darle nuestro propio modelo: nosotros nos lavamos a la vez, los dientes siguiendo los mismos pasos. Para algunos niños puede ser necesario guiar su mano con suavidad (apoyo físico); si recurrimos a esta estrategia el contacto debería ser muy sutil e ir retirándolo gradualmente para evitar que el niño dependa de nuestra guía.
Aunque parezca una tarea muy simple la podemos dividir en muchos pasos. En el segundo apoyo visual que se adjunta, la secuencia de cepillar está dividida en más pasos.
Si el niño no realizaba ninguno de estos pasos, comenzaremos pidiéndole que haga él solo lo último: enjuagarse. Esto da al niño sensación de éxito y desde aquí podemos ir trabajando los pasos previos. Una vez que realiza sin apoyo el paso de enjuagarse, le pedimos que haga el paso anterior (en el ejemplo adjunto, echar agua en el vaso). Y así sucesivamente, paso a paso. Esta técnica se llama “encadenamiento hacia atrás” y es muy útil para el aprendizaje de tareas de autonomía.
La actitud del adulto ha de ser de tranquilidad durante todo el proceso y, por supuesto, reforzante, elogiando cada avance: un pequeño paso ahora es la base de aprendizajes mucho más complejos después.
Rutina de cepillado de dientes 1 Autores: Jose Manuel Marcos Rodrigo y David Romero Corral
Rutina de cepillado de dientes 2 Autora: Menchu Gallego López
Entornos TEA. Servicio inscrito en el Registro de Centros, Entidades y Servicios de Acción Social de la C.A.M. Nº S7705.

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